Sunday, March 12, 2006



HELADO DE CAFÉ O CAFÉ HELADO.

Fue en el momento de apretar el número 5 en el ascensor del 906 de la calle Calles. Entraba ahí todos los días, menos los lunes y los miércoles. Trabajaba en una heladería de la calle de enfrente. El de café es el favorito de la delgada mujer de la oficina 3 en el piso 5. Se fijó en su dedo indice de la mano derecha. Se había convertido en un cuadrado quizá un rectángulo. Nada de curvatura en la punta.
Todavía no se reponía del asombro cuando perdió la flexibilidad del mismo dedo. La puerta del elevador se cerro.

Sacudía la mano afectada mientras movía la cabeza de un lado a otro. Con la izquierda seguía sosteniendo un vaso de unicel, le quemaba un poco pero dados los acontecimientos no se preocupaba mucho por ese lado de sus extremidades.
En el primer piso, aquel cubo metálico, interrumpió su ascenso por un instante por lo que él y el helado dieran un pequeño brinco. La bebida se escurrió por uno de los costados del vaso y distrajo su atención por uno o dos segundo. Al ver que en general el cono estaba bien regreso la mirada para encontrarse con que su dedo meñique se había convertido en, aunque más pequeño, otro rectángulo. Sin curva en la punta y unos segundos después, sin flexibilidad.

En el segundo piso pasó exactamente lo mismo. Esta vez fue el gordo. Con atención pudo ver como perdía su forma regordeta e inmóvil. En el tercero perdió el anular. Pateó la puerta varias veces y en el ajetréo dejó caer al suelo otro chorro de café, resbaló y casi se cae. Asombrosamente pudo mantenerse de pie y no perder ni una gota más. Se recuperaba del insidente cuando el medio se volvió rectángulo. Era el cuarto piso.

Su mano no le servía de nada, absolutamente de nada. Intentó acomodarse la camisa, cambiar de mano el helado, peinarse la cabeza, subirse los pantalones, y rascarse la nuca. No lo consiguió. Su mano era un quintento de rectángulos inútiles.

Quinto piso. La mujer de la oficina 3 esperaba su café en la puerta del elevador.

-Muchas gracias.
-¡Hay te manchaste!
-Quédate con el cambio y que te vaya bien.

Escuchó atento con la mano derecha en la espalda, como en una discreta reverencia.

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