“Por más ligera que parezca, la ropa nos hace prisioneros. A la vez, nuestra piel es una forma de vestirnos” (El hombre desnudo)
El tamaño de una celda
Vivimos en sociedades donde estamos acostumbrados a encerrar quién sabe donde a todo aquello que nos molesta, o que contraviene a nuestros intereses. Pero quién pone la celda, quién decide el tamaño de la misma, acaso las prisiones que conocemos con muros y jaulas son las únicas que existen, o hay otro tipo de prisión.
La prisión es el olvido, Foucault dice que el objetivo de las prisiones no es reformar a nadie, es más, mientras menos alternativas tenga el preso mejor, lo guardamos en un cajón hasta que lo necesitamos otra vez.
Cuántas celdas impusiste hoy, a cuántos haz guardado hasta nuevo aviso y a cuántos condenaste a cadena perpetua o a la pena capital. Si fuéramos capaces de darnos cuenta de esto seríamos entonces capaces de encontrar el tamaño de nuestra celda y de reconocer el rostro de nuestro guardia, el olor de los muros silenciosos y fríos, el sonido del compañero de cuarto, nuestro espacio.
Estamos condenados eternamente por los demás, si bien no tenemos que sufrir castigos físicos o materiales sí sufrimos la imposición de normas, el acceso limitado a cierta cantidad de espacios y situaciones, encerrados quizá en una forma de vida, a quién le conviene que cambiemos, mejor tenernos checados y vigilados en lo que hacemos y cuando se nos necesite se nos llamará, mientras tanto la espera; interminable sombra que oscurece las tardes, que tranquiliza los ánimos, que ensordece.
Las prisiones existen, al igual que los prisioneros, los guardias, los juicios. Una forma de manifestación de todo esto son las rejas y por otro lado la libertad, pero ésta se pierde no sólo con la imposición de un candado, las condenas van mucho más allá y pueden enjaular a toda una población sin que se de cuenta.
La única forma de determinar quienes pueden decidir sobre la pena o el castigo de uno es el ejercicio del poder. Todos lo tenemos, en veces más en otras menos, todos encarcelamos a muchos o pocos, todos condenamos y nos condenan. La única diferencia es cuántos y quiénes nos condenan, a qué celda, y con cuál compañero. Sólo es cuestión de tiempo para encontrar nuestra reja y cuando menos lo esperemos encontraremos de frente a nuestro semejante.
1 comment:
regresa a esta prisión!!!!
las celdas son divertidas!
te quiero de vuelta yaaaaa!!!!
*abrazos de andador*
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